«alfombrar de muertos el Río de la Plata»*

El 24 de marzo de 1976 un golpe militar inició la última dictadura que gobernó la Argentina. En los años previos, la represión política estatal y paraestatal había caído sobre las organizaciones que, desde fines de los años sesenta, emprendieron el camino de la lucha armada y sobre determinados sectores politizados de la sociedad. Desde 1974, la Alianza Anticomunista Argentina operaba como fuerza paraestatal que secuestraba y asesinaba a quienes consideraba enemigos internos. Al comenzar 1975, el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón ordenó el Operativo Independencia, para luchar “contra la subversión” en Tucumán, que incluyó el montaje del primer centro clandestino de detención, la Escuelita de Famaillá. Estas prácticas represivas se basaban en articulaciones entre lo legal y lo ilegal, una característica que recorrerá todo el accionar estatal durante los años setenta, e incluían la desaparición de personas.

Al asumir, la Junta militar instauró un régimen de persecución política que tomó características de sus antecedentes, adquirió nuevas y las articuló a todas en un plan sistemático, en una estructura organizativa que tenía como objetivo el aniquilamiento de las personas seleccionadas como blanco. Buena parte de este dispositivo funcionó de manera secreta y clandestina, lo que tuvo consecuencias de una magnitud difícil de dimensionar, como el hecho de que transcurrido medio siglo aún desconocemos elementos esenciales de su funcionamiento.

Menos de un mes después del golpe, el 22 de abril de 1976, en tres puntos de la costa de Uruguay aparecieron cuerpos muertos, dos hombres y una mujer, que fueron detectados por los lugareños.

A simple vista los cadáveres estaban muy deteriorados, con las piernas o las manos atadas, uno de los varones tenía los ojos vendados1. La documentación médico legal registró que uno de ellos había sido “salvajemente, muerto y tirado al agua”2. Respecto a la mujer, el médico autopsista anotó que “la muerte se produjo por traumatismos violentos que destrozaron prácticamente el cuerpo de la víctima”3. El 23 de abril, otros dos hombres fueron encontrados. Las cinco personas fueron ingresadas en el sistema judicial e inhumadas sin identidad en el cementerio municipal de la localidad de Rocha. 

A lo largo de mayo de 1976, otros seis cadáveres aparecieron en las costas uruguayas. El 13 de ese mes tres cuerpos masculinos fueron detectados por la Prefectura Naval Argentina (PNA) en el Río de la Plata, en las cercanías del puerto de Buenos Aires.

En ese momento, se determinó la identidad de dos de los aparecidos en Uruguay. María Rosa Mora fue encontrada por un barco pesquero el 9 de mayo e identificada el 28 de ese mes por la Policía Federal Argentina (PFA) que había recibido las huellas dactilares tomadas de su cadáver a partir de un convenio de intercambio de información con la policía uruguaya. Había sido secuestrada a principios de abril en la Ciudad de Buenos Aires; su hallazgo no fue puesto en conocimiento de sus familiares y fue inhumada como NN en el cementerio Norte de Montevideo. Pocos días después, otro pesquero encontró el cuerpo de un adolescente. El 16 de mayo un diario argentino publicó la información relacionada con la aparición de los cadáveres en Uruguay y agregó que uno de ellos “era de cutis trigueño, cabellos castaños oscuros, 1.70 de estatura y tenía un rasgo característico, consistente en un tatuaje en forma de corazón con las iniciales ‘F’ y ‘A’”4. Floreal Avellaneda, un niño de 15 años que había sido secuestrado junto con su madre el 15 de abril, coincidía con la descripción. Sus familiares solicitaron al poder judicial argentino que realizara las gestiones necesarias para determinar si se trataba de él. Meses después, el 3 de septiembre de 1977, la PFA confirmó que las huellas del cadáver eran idénticas a las de Floreal Avellaneda. Entre los cuerpos encontrados en Argentina, Oscar Omar Hofer fue identificado por la PNA a través de un cotejo dactiloscópico cuatro meses después del hallazgo, la autopsia había indicado que la muerte “fue producida por fracturas múltiples”5. Hofer había sido denunciado como desaparecido, pero su identificación no fue informada y fue inhumado por vía administrativa en el cementerio de la Chacarita en la ciudad de Buenos Aires.

Entre el 22 de abril y el 31 de mayo de 1976, dieciocho personas aparecieron muertas en las aguas y costas de Argentina y Uruguay. Tres fueron identificadas; aun así, dos fueron inhumadas sin informar la muerte a sus deudos.

Tuvieron que pasar 36 años para que otros integrantes de ese grupo de primeros aparecidos pudieran recuperar sus identidades. Cuando sucedió, en agosto de 2012, la identificación de Nelson Cabello Pérez y Laura Romero Rivera contribuyó a situar temporalmente el comienzo de uno de los métodos de desaparición que implementó la dictadura militar. Hasta el momento, no conocemos apariciones anteriores al 22 de abril de 1976 de cadáveres de personas desaparecidas en las costas uruguayas o argentinas.

*Rodolfo Walsh en la Carta Abierta a la Junta Militar, marzo de 1977.

  1. Equipo de Investigación Histórica (2014). Fichas de N.N. identificados correspondientes a cuerpos hallados en costas uruguayas, Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, Presidencia República Oriental del Uruguay. ↩︎
  2. Ibídem, Ficha de Cabello Pérez, Nelson Valentín. ↩︎
  3. Ibídem, Ficha de Romero Rivera, Laura Gladis. ↩︎
  4. Última Hora, 16/05/ 1976. ↩︎
  5. Requerimiento de elevación a juicio. TOF N° 1 de Rosario,, 7/09/15. “Saint Amant, Manuel Fernando y otros s/privación de la libertad, agravada art. 142 inc 5”. ↩︎