«esto no tiene nombre»*

Los diarios uruguayos informaron desde el primer momento sobre las apariciones que, tratadas como un misterio, coparon los titulares durante abril, mayo y septiembre de 1976.

Según registró Daniel Rey Piuma, quien integraba la Prefectura Nacional Naval de Uruguay en el momento de los hechos y armó un valioso archivo con la documentación sobre los hallazgos en ese país, la prensa difundió distintas hipótesis, cuyo origen es difícil de esclarecer.

Diario “Crónica” de Buenos Aires (25/4) dice que la hipótesis más posible es que sea un crimen a bordo de un buque pirata pesquero. “El Diario” de Montevideo (26/4) baraja la posibilidad de que los muertos hayan sido integrantes del Ejército Rojo Japonés (cuya presencia denuncia el mismo rotativo el 23-10- 1975 en el Río de la Plata). “El País” del 25/4 y del 27/4, juega con diversas hipótesis -sus pro y contras- entre las que pesan más, una orgía en alta mar o un arreglo entre mafiosos. (Piuma, 1983).

El hallazgo de personas muertas del otro lado del Río de la Plata fue informado por los principales diarios argentinos durante mayo de 1976. La Nación, por ejemplo, refirió a “macabras apariciones de cuerpos” y el 18 de ese mes reprodujo la noticia sobre un fallecido con las letras F y A tatuadas. Muchísimas publicaciones en la prensa hicieron referencia a este tipo de episodios en playas y aguas de Uruguay, sin mencionar el mecanismo que los había producido.

La Nación, 18/05/1976.

El 26 de mayo de 1976, dos meses después del golpe militar, se publicó el primer texto que pudimos encontrar que asoció a los hallazgos en las costas uruguayas con la represión y con el uso de aeronaves. Titulado “Una terrible sospecha”, fue incluido en El Combatiente, la publicación semanal del Partido Revolucionario de los Trabajadores, de circulación clandestina:

Un día después está fechado el primer documento oficial del que se tiene registro que asoció la aparición de los cuerpos en las playas de Uruguay con el accionar de la Junta Militar. Se trata de un cable enviado por la embajada de Estados Unidos en Montevideo al Departamento de Estado estadounidense y a la embajada en la Argentina. El 27 de mayo de 1976 los funcionarios diplomáticos afirmaron:

El GOU [Gobierno uruguayo] fue informado de manera privada por autoridades argentinas que ocho de los 10 cadáveres aparecidos en las costas uruguayas son el resultado de operaciones antiterroristas argentinas. La fuente afirmó que los cuerpos fueron arrojados al río desde helicópteros argentinos luego de haber sido interrogados por autoridades argentinas. Proveyendo detalles adicionales [fuente testada] los cuerpos encontrados en las costas uruguayas pertenecen a terroristas internacionales capturados y liquidados por la Armada argentina1.

La información que poseían quienes integraban la conducción de uno de los partidos de izquierda que se enfrentaba al gobierno de facto y los servicios de inteligencia estadounidenses era la misma, lo que variaba radicalmente era la valoración.

En su edición del 21 de junio de 1976, la revista española Cambio 16, muy leída en ese momento, incluyó esta descripción:

[…] el río de la Plata y las aguas costeras del Atlántico, siguen devolviendo cadáveres irreconocibles. Sólo que ahora se ha descubierto la técnica de exterminio, novedosa para la región. Al parecer, aviones navales remontan vuelo a dos o tres mil metros de altura con los prisioneros a bordo, y los arrojan vivos y maniatados a las aguas fluviales o marítimas. El impacto les destroza el cuerpo, de manera que sus restos seccionados y mutilados son imposibles de reconocer: ingenioso modo de que los desaparecidos no aparezcan nunca. (Cambio 16, 21/06/1976)

La información sobre la aparición de cuerpos en las costas y la denuncia de que habían sido lanzados desde helicópteros tuvo circulación en ese momento, al menos entre las organizaciones políticas y los grupos de perseguidos. Así se detecta en su reproducción en otros discursos contemporáneos, públicos y documentados. En junio de 1976, el artista plástico Luis Felipe Noé realizó el cuadro Esto no tiene nombre III, en el que se ven cuerpos humanos mutilados caer. En el documental La Resistencia cultural en dictadura (Francia-Argentina) Noé relata que el 1 de junio 1976 se exilió en Francia: “apenas llegué ya estaban hablando de que tiraban gente al río de helicópteros y demás. Eso lo sabían, tanto que yo pinté una serie que llamé Esto que no tiene nombre y uno de los cuadros se refiere a este tema”.

Luis Felipe Noé, Esto no tiene nombre III, junio de 1976.


El 20 de agosto de 1976 un cable de la Agencia de Noticias Clandestina –ANCLA, asociada con la organización Montoneros y creada como un herramienta de confrontación con el régimen– que daba cuenta de la falta de información sobre la cantidad de presos políticos afirmaba que sobre un total de 160 detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada solo 45 permanecían en ese lugar “por lo que se cree que han sido eliminados y tirados al Río de la Plata”.

En suma, poco tiempo después de la aparición de los primeros cuerpos en las costas la información que circulaba en el exterior y de manera clandestina en la Argentina los asociaba a helicópteros y aviones, a la Armada y, en el caso de la revista Cambio 16, describía el efecto en los cuerpos de una caída desde gran altura contra una superficie de agua. La nota también sostenía la novedad regional de la técnica de exterminio. Investigaciones históricas posteriores mostraron que el uso de aeronaves para deshacerse de las víctimas de la represión política no fue exclusivo de la dictadura argentina. El Ejército mexicano utilizó aviones Aravá desde 1974 hasta 1981 como parte de su estrategia contrainsurgente (Rodríguez Munguía y Reveles, 2023). En Chile, la dictadura de Augusto Pinochet, a fines de 1978 utilizó aviones Douglas C 47 Skytrain para deshacerse de los cadáveres de personas que habían sido asesinadas años antes. En un intento de borrar las evidencias de sus crímenes, las autoridades militares implementaron la Operación Retiro de Televisores que exhumó los cuerpos de las víctimas enterrados clandestinamente y los arrojó al mar desde aviones (Weibel Barahona, 2023).

En marzo de 1977, al cumplirse el primer año del golpe, el escritor Rodolfo Walsh, fundador de ANCLA, difundió la Carta Abierta a la Junta Militar. Entre los hechos denunciados incluyó el hallazgo de Floreal Avellaneda y una mención a los cuerpos aparecidos: “pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza”. Acusó a la Junta Militar de “alfombrar de muertos el Río de la Plata” y “arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea”, entre otros detalles que incluían modelos de aviones y el nombre de un perpetrador (Walsh, 1977).

*Luis Felipe Noé (2014).

  1. U.S. Department of State Case No. 0-2016-16244 Doc No. C06305111, TELEGRAM MONTEV 01896, fecha de desclasificación 19/04/2017. ↩︎