Después de las declaraciones de Scilingo y otras personas relacionadas con las Fuerzas Armadas, familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos decidieron insistirle al Poder Judicial. Como la vía penal estaba cerrada, las presentaciones invocaron el derecho a la verdad y al duelo. En 1995, la Cámara Federal de Apelaciones la Ciudad de Buenos Aires resolvió dar trámite a los pedidos de información sobre el destino de los desaparecidos1. En abril de 1998, la Cámara de La Plata reconoció el derecho de los familiares a saber la verdad2. Así comenzó un ciclo de acciones judiciales: los Juicios por la Verdad y la búsqueda, exhumación e identificación de personas realizada en conjunto entre el Poder Judicial y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), una organización no gubernamental.
El 8 de julio de 2005 Madres de Plaza de Mayo y el EAAF anunciaron la identificación de tres personas hasta entonces desaparecidas: Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de De Vincenti, las Madres secuestradas en diciembre de 1977. Esta era la identidad de aquellas mujeres que habían sido encontradas en las costas argentinas en diciembre de 1977, y que habían movilizado tanto al movimiento de derechos humanos como a los servicios de inteligencia extranjeros. Así, se corroboró la información que había circulado en la época de los hechos fue corroborada. El 29 de agosto fue anunciada la identificación de una de las dos religiosas, Léonie Duquet. El conjunto de aparecidas estaba conformado por cinco mujeres, también lo integraba Ángela Auad, participante del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz.
Esta fue la primera identificación genética de cuerpos que habían sido encontrados en las costas y que podían asociarse con los vuelos como forma de desaparición. Las identificaciones previas, como la de María Rosa Mora y Floreal Avellaneda en los años setenta, se habían realizado por vía dactiloscópica y sus cuerpos no habían podido recuperarse. Así fue presentada en la prensa: “El hallazgo de los cadáveres implica por primera vez la existencia de una prueba científica irrefutable de los “vuelos de la muerte””.
Los cuerpos identificados ratificaron las palabras acumuladas durante los treinta años anteriores. Los hijos de las Madres dijeron al anunciar la noticia: “Volvieron con el mar, como si hubieran querido dar cuenta, una vez más, de esa tenacidad que las caracterizó en vida”.
Desde entonces, 31 personas encontradas en las costas e inhumadas en cementerios de las localidades cercanas fueron identificadas a través de un cotejo genético por el EAAF. A partir de 2006 recuperaron su identidad quienes habían aparecido en las playas en diciembre de 1978, se pudo reconstruir que una parte de ellos fueron víctimas de un traslado realizado desde el centro clandestino de detención El Olimpo, el 6 de diciembre de ese año. Más adelante, fueron identificadas personas desaparecidas que habían sido vistas en Campo de Mayo y encontradas en las playas de Argentina y Uruguay. Otras 15 identificaciones asociadas a este método de desaparición se realizaron por vía documental.
Las exhumaciones realizadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense que permitieron la identificación genética de las víctimas también hicieron visibles las marcas que los vuelos de la muerte dejaron en los cuerpos: huesos fracturados en varias partes, lesiones múltiples y severas cuyo mecanismo de producción era compatible con un choque o golpe contra un objeto o superficie dura.
* Hijos/as de Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco.
