La primera declaración de un miembro de las Fuerzas Armadas y de seguridad sobre el uso de aeronaves data de 1981, pero se hizo pública años después. Luis Alberto “Japonés” Martínez, integrante del cuerpo de espías secretos de la PFA, había sido detenido en Suiza por su relación con un secuestro extorsivo. Ante la posibilidad de ser extraditado, contactó al movimiento de derechos humanos. La declaración fue tomada, entre el 9 y 27 de julio, por una integrante de la Federación Internacional de los Derechos del Hombre (FIDH), que luego anunció que no le daría publicidad porque Martínez temía por su vida1. El contenido de las declaraciones fue conocido de manera fragmentaria por un gran número de integrantes del movimiento de derechos humanos que eran consultados por la FIDH sobre detalles del testimonio. Es interesante recuperar lo que declaró, porque se trata de datos brindados antes de la amplia difusión pública que dos años y medio después tendrían las palabras de otros integrantes de la estructura represiva.
DESTINO FINAL (DF): Los oficiales y algunos suboficiales llevaban a los prisioneros en furgones pick up’s cerrados con destino al Aeroparque Jorge Newbery […] Estos traslados tenían lugar siempre de noche.
Al llegar, los detenidos recibían una inyección, se les decía contra las fiebres, y MARTÍNEZ precisa que se trataba de somníferos (Ketelar y Valium) que venían en paquetes con etiquetas del Ejército Argentino y suministrados por éste. Después los prisioneros eran inmediatamente embarcados a bordo de un avión Fiat Albatros […].
Después de alrededor de 15 minutos de vuelo los prisioneros, ya todos dormidos, eran desnudados totalmente, y después de media hora de vuelo eran arrojados al mar, a la altura de Mar del Plata y mar adentro […].
Después de algunos días podía suceder que las corrientes marinas devolvían algunos cuerpos a la costa, pero los cadáveres aparecidos estaban totalmente irreconocibles debido a la acción del agua salada y los peces, porque a esa distancia de la costa hay tiburones. Así los cadáveres fueron descubiertos en las playas de San Clemente del Tuyú, Santa Teresita y San Bernardo. La Policía local los retiraba y los transportaba a la morgue. Era allí donde terminaba el trabajo, informadas las autoridades, se enviaba la orden de cerrar la instrucción sin otra investigación y mención de “persona ahogada”. Martínez precisa que esos hechos se remontan a los años 1975-1976. (FIDH, 1981)
El 29 de marzo de 1983 la CADHU hizo público el documento “Ex Ayudante del General Harguindeguy acusa” que contenía la declaración de Rodolfo Peregrino Fernández, integrante de la PFA. Declaró que había escuchado a un teniente de navío
[…] afirmar que se utilizaban aviones de la Prefectura Nacional Naval para el transporte y el lanzamiento en alta mar de prisioneros políticos secuestrados. Estos aviones, de fabricación irlandesa, de buena capacidad de carga, y con una rampa en la parte trasera, cuya marca no recuerda, resultan apropiados para la misión encargada. Los aviones utilizados, añade el dicente, son similares a los que utiliza actualmente la empresa privada Transportes Aéreos de Buenos Aires. […] [El mismo teniente de navío afirmó que] en una ocasión, un prisionero había arrastrado en su caída al vacío el suboficial encargado de su eliminación. […] [P]or otros comentarios escuchados, supo que algunos prisioneros, luego de ser adormecidos mediante la aplicación de una inyección,eran introducidos en bolsas especiales,en las cuales se les arrojaba. (Peregrino Fernández, 1983)2.
En mayo de 1983, este testimonio fue editado en un libro publicado en la colección Cuadernos para la democracia, dirigida por Eduardo Varela Cid.
Cuando la dictadura llegó a su fin, el 10 diciembre de 1983, la pregunta por el destino de las y los desaparecidos estaba instalada en el centro de la discusión pública. Desde 1982, la inhumación en los cementerios había salido a la luz. Al mismo tiempo, numerosa información aportada por sobrevivientes y activistas de derechos humanos permitía sostener que al menos un grupo de los desaparecidos había sido arrojado al río o al mar. El alcance de esta práctica y si era un procedimiento extraordinario o sistemático todavía no se había dimensionado. El 15 de diciembre el gobierno creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) con la misión de investigar lo sucedido.
En enero de 1984, la Comisión recibió una denuncia de “la oficialidad joven y no corrupta de la Prefectura Naval Argentina” en la que se detallaba la participación de varios integrantes de la fuerza en la represión. En particular, sobre un aviador afirmaron “era quien se encargaba de arrojar desde los aviones Skyvan al mar la gente secuestrada y torturada en la ESMA”3.
El 5 de enero de 1984, la revista La Semana, de circulación masiva, publicó una entrevista con el excabo de la Armada Raúl Vilariño quien relató el funcionamiento de la ESMA. La edición de la entrevista, que ocupó veintiséis páginas, resaltó algunas de las declaraciones sobre el destino de los desaparecidos: las oraciones “El campo de la escuela [de Mecánica de la Armada] está rellenado con cadáveres” y “Debajo de estas tumbas [del cementerio de Moreno] hay desaparecidos” fueron superpuestas a fotografías a color y en página doble en las que Vilariño posaba, por ejemplo, sentado sobre una sepultura. En el medio de la entrevista agregó:
Hubo gente, usted recuerda, que aparecieron sus cadáveres en las playas de Montevideo, o en las playas de Quilmes. También recordará que después no volvieron a aparecer más cadáveres en las costas. Fue entonces que se hicieron famosos los vuelos sin puerta. Eran vuelos que se hacían desde Ezeiza. Se colocaba el avión, se acercaba el camión, se subían los guerrilleros en estado de coma o idiotez y se salía al río. Allí eran largados desde el aire. Al principio, como no se sabían bien las corrientes, los cuerpos aparecían en las playas de Quilmes o Montevideo. Después empezaría a tirarse más adentro, más hacia el mar. Así los cadáveres molestos no volvían a aparecer nunca más4.
Vilariño también afirmó que se administraba “una medicación” y que “se los iba lanzando al río, sin vestimentas y sin nada que pudiera servir para identificarlos”.

Una semana después, La Semana volvió a colocar a Vilariño en su portada. Publicó una nota que relataba su encuentro con Ragnar Hagelin, padre de una joven desaparecida. Esa edición repitió la entrevista publicada una semana antes, que también fue editada en un libro. El 16 de febrero, el exmarino se presentó a declarar en la CONADEP y reiteró la información que había dado en la entrevista.
El 16 de enero de ese año un cabo segundo retirado de la Armada envió una carta al presidente de la Nación en la que detalló su participación en el Grupo de Tareas 332 de la ESMA entre abril de 1977 y marzo de 1978. Entre los detalles que brindó había una minuciosa descripción del procedimiento de “traslado”:
En horas de la madrugada (2.30 a 3.00 hrs aprox.) el «PEDRO» de guardia traía úna lista que era proporcionada por «DELFIN» (Alte. Chamorro) por intermedio de «TIGRE». En ella figuraban los presos que iban a ser ejecutados ese día. Se los bajaba del altillo, donde estaban alojados y se los llevaba hasta el subsuelo. Se les decía que se les iba a aplicar una inyección con la cual se los iba a dormir para luego liberarlos en algún lugar alejado para que luego pudieran volver a sus hogares. Se los hacía formar una fila en el pasillo del subsuelo. Eran tandas de 10 o 15 personas. Algunos se creían lo que se les decía acerca de su liberación, pero otros no lo creían y debíamos tratar de convencerlos. Mi tarea en esos casos era vigilarlos para que no hubiera desórdenes. Un médico con un enfermero de ayudante les aplicaba una droga a cada uno de los presos. Esta droga, muy potente hacía efecto al instante y los presos se iban desplomando a medida que eran inyectados. Yo escuche a un médico decir que esta droga los paralizaba por tiempo indeterminado. Entre los que se daban cuenta de lo que les iba a pasar, recuerdo una vez a una mujer que estaba embarazada y que luego de tener a su hijo y ser sometida a interrogatorio y torturas inmediatamente después, estaba en un lista y ya en la situación que estoy comentándole, le agarró un ataque de histeria al darse cuenta de lo que le sucedería. Prosiguiendo con este método, el paso siguiente una vez que eran inyectados todos, era cargarlos en un camión que marca Chevrolet de color verde (de la Armada) que se ubicaba en la playa de estacionamiento frente a la cocina de la Casa de Oficiales. Los cuerpos se sacaban por una escalera desde el subsuelo, hasta el camión, que era con lona cubriendo la caja posterior. Dé allí, según sabía yo, y era de conocimiento de todos, se les trasladaba hasta un avión Hércules C-130. Luego eran llevados hasta un lugar ubicado en la confluencia del Río de la Plata con el mar, y arrojados desde una altura suficiente, como para que al caer y golpear contra la superficie del agua, el impacto los desintegrara o los matara definitivamente si alguno aún estaba vivo. Cabe aclarar que eran arrojados atados de a tres o cuatro, los cuerpos. Esto se hacía en el subsuelo (atarlos) antes de cargarlos en el camión. Tal vez esto explique los cadáveres que por esa época se hallaron en nuestras costas. Estos cuerpos se hallaron mutilados. Esto sería debido a que otros grupos (no el GT 332) en un determinado momento de la operación, quemaban las rostros y las manos de los cuerpos, para no dejar ninguna seña que los identificara. Actuaban las Fuerzas Conjuntas, por ello esto lo sé por haberlo escuchado decir a los jefes. En el Grupo Tareas no sólo había personal de la Armada, sino también de Ejército, Policía Federal, Penitenciaria y supongo que tal vez también de la Fuerza Aérea5.
El 17 de enero de 1984 salió a la calle el primer número de la revista Libre, de la editorial Perfil, que incluyó una reconstrucción fotográfica de un vuelo, basado en los testimonios que hasta entonces habían circulado. Para la producción, se utilizaron un avión y un maniquí.
El 24 de enero declaró ante la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados Bonaerense Juan José Cozzi, que había cumplido funciones como suboficial de la Marina hasta el 10 de enero de 1983. Afirmó que supo del “funcionamiento en Ezeiza de un centro de operaciones con aviones DC-3 para en vuelo nocturnos, arrojar detenidos al Río de la Plata, drogados. Un centro similar funcionaba en Punta Indio con aviones SkyVan, de la Prefectura Naval. Los detenidos fueron arrojados al comienzo cerca de la bahía de Samborombón, y luego mar adentro”. Agregó: “los pilotos de los DC3 que actuaron arrojando a los detenidos al Río; pueden ser identificados a través de los registros de (ilegible) de la TWR de Ezeiza o mediante las planillas… (ilegible)”. Según surge de la denuncia formulada por los diputados provinciales, la declaración de Juan José Cozzi fue publicada en el número 24 de la revista Shock6.
La CONADEP también recibió el 22 de marzo de 1984 la declaración de César Vallejos, personal civil de inteligencia del Batallón de Infantería de Marina N° 3 (BIM N° 3) de la ciudad de La Plata. Dijo que
los secuestrados estaban encapuchados. Después de dos o tres días de interrogatorios eran llevados en helicópteros a la Base Naval de Punta Indio, donde se determinaba quiénes pasaban a la legalidad y quienes “pasaban al corte”. Quienes “iban a dar la vuelta del águila”. […] Algunos médicos [del Hospital Naval Río Santiago] colaboraban inyectando a los detenidos antes de ser llevados en aviones navales.
El 29 de junio, en una nueva declaración afirmó que había realizado “diversos procedimientos de entrega de prisioneros […] destinados a “vuelos finales” (arrojamiento de prisioneros desde el aire al mar) cosa que se hacía entre otros lugares, desde el helipuerto del BIM 3” (Vallejos, 1984a).
Unos días más tarde, Vallejos repitió ante un periodista de la revista La Semana lo que había presenciado. Al ser preguntado sobre los “vuelos sin puerta” detalló:
En el Batallón 3 de Infantería de Marina había un campo. […] Al costado está la guardia médica del Hospital Naval Río Santiago. Allí aterrizaban los helicópteros. De ahí se salía a los vuelos en los cuales se eliminaba a los presos políticos. […]
-¿Eran drogados?
-Sí, efectivamente
-¿Dónde? ¿En el “teatro”?
-En el teatro mismo. Pero el efecto se producía una vez arriba del avión o arriba del helicóptero.
-¿Despegaban aviones del BIM 3?
-No. […] Se los llevaba en helicóptero hasta Punta Indio y de Punta Indio despegaban el avión…” (Vallejos, 1984b).
Treinta y siete años más tarde Vallejos fue condenado a seis años de prisión por su participación en uno de los hechos relatados en esta entrevista7. Falleció el 13 de junio de 2021.
El 29 de marzo de 1984 alguien que se identificó como el “Ángel Avenger” denunció ante la CONADEP a varios integrantes de la Armada. Los acusaba de haberse ofrecido de manera voluntaria a pilotear los aviones de la marina desde los que se arrojaban los prisioneros vivos, los denominó “tripulantes de los vuelos asesinos”8.
El 16 abril declaró ante la delegación Córdoba del organismo una mujer que había compartido una cena con tripulantes de la Fragata Libertad en Ecuador en 1977. Recordó que uno de los marinos presentes detalló “haber sido partícipe de tirar al agua ‘guerrilleros’, a quienes, estando vivos, les colocaban una pesa en los pies para caer más rápido, y no flotar, dichas personas eran sacadas de los cuarteles y utilizaban aviones pequeños, agregó recordar el caso de una jóven rubia embarazada, de quien le dio pena porque era muy bonita, pero que tuvo que lanzarla igual puesto que ella había matado a un policía”9.
El 18 de julio, en la Delegación Mar del Plata de la Comisión declaró un hombre que dijo conocer a un oficial que
“fue comisionado a presentarse en la Base Aérea Mar del Plata, estima que a fines de 1976 o principios de 1977 a las tres horas, para cumplir una misión que iba a serle revelada sobre la marcha. Fue embarcado en un avión Hércules C 130 y ubicado en la cabina de comando, a la hora de vuelo se le dieron las nuevas instrucciones consistentes en anestesiar totalmente a todas las personas a bordo de la máquina que ya se encontraban semi anestesiadas, una vez cumplida la misión se le ordenó que se ubicará nuevamente en la cabina de comando de la máquina. [Según afirmó su conocido] (…) a 200 millas de la costa fueron arrojados al mar las personas embarcadas y anestesiadas”. Supuso que debió haber intervenido todo el personal médico de sanidad de la armada de esa área naval y agregó: “este operativo era denominado ‘chartear gente’”10.
En este período, otros testimonios hicieron evidente que, tal como lo había señalado el sobreviviente Scarpatti, el uso de aviones y helicópteros no era un mecanismo que se limitaba a la ESMA y al Aeroparque Metropolitano.
En la guarnición militar Campo de Mayo, que se encuentra a pocos kilómetros de la Capital, funcionó uno de los centros clandestinos de detención más grandes de la zona. En enero de 1984, una persona que se identificó como integrante de los servicios de inteligencia envió una carta anónima a la CONADEP. Informó que el Destacamento de Inteligencia 201, que funcionaba allí, “traía detenidos, se los apremiaba y los muertos los tiraban por avión al mar”. Agregó un croquis en el que señaló dónde se ubicaban los centros de detención y la pista de aterrizaje11. Otro personal civil de inteligencia se identificó con su nombre. Dijo que integraba el Grupo de Tareas 2 que funcionaba en la Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía Federal Argentina y que en abril de 1976 cumplió funciones en Campo de Mayo:
[C]on respecto a los traslados definitivos de los que no eran liberados o puestos a disposición del PEN se realizaban desde la pista del Batallón de Aviación de Ejército en aeronaves de la fuerza o provistos por Fuerza Aérea12.
Otro anónimo aportó el nombre de un gendarme que era el encargado de aplicar las inyecciones a los prisioneros y que luego “los hacían tirar de noche en el avión que partía desde Campo de Mayo”13.
Ante la CONADEP declararon jóvenes que habían realizado el servicio militar obligatorio en el Batallón de Aviación 601, en Campo de Mayo. Un exconscripto reseñó que un teniente que había sido copiloto de un avión Fiat le había contado que en esas aeronaves se transportaban a personas con las manos y los pies atados y que eran arrojadas al mar a la altura de Mar del Plata14. Otro conscripto relató que un subteniente del Ejército reconocía haber participado de estos traslados. Agregó que para corroborar sus dichos eran de utilidad las planillas de vuelo de los helicópteros15.
Otra pista la aportó un técnico radiólogo con grado militar que cumplió funciones en el Hospital Militar en Campo de Mayo entre 1976 y 1977. Declaró que algunos grupos de tareas utilizaban enfermeros del hospital. Agregó:
Todas las noches salía un avión de transporte Hércules del campo de aterrizaje de la base de Campo de Mayo […] [E]ra objeto de comentario del personal del Hospital, diciendo que llevaba la gente que era tirada al mar. Que con referencia a las 40 o 50 personas que alcanzó a ver una mañana, un detalle que llamó su atención fue el completo silencio e inmovilidad de las mismas pero era evidente que estaban vivos por su falta de rigidez16.
Una carta anónima recibida por la Liga Argentina de los Derechos del Hombre y remitida a la CONADEP señaló: “Se sabe que hubo un ‘último viaje’ (para arrojar cuerpos en aguas del río o mar): lo comentó quién lo hizo…”17.
Andrés Francisco Valdez, que se identificó como personal civil de inteligencia del Ejército, declaró en varias ocasiones ante la Comisión y aportó diversa documentación. Entre los listados, adjuntó los datos de contacto del “Batallón de Aviación de Combate 601” e indicó el nombre del mayor que estaba “encargado de los ‘vuelos’ sin retorno vía aguas afuera”18.
En noviembre de 1984, la CONADEP difundió el informe Nunca Más. Bajo el título “Lanzamiento de detenidos al mar” señaló:
Cuesta creerlo. Sin embargo hay numerosas declaraciones que hacen mención a ello. Algunos por haberlo oído, otros por referencias directas de sus captores; y también están los cuerpos que las corrientes marinas arrojaron a la costa. Cuesta creerlo, pero en el contexto general de esta salvaje represión es lícito pensar que para sus autores no fue otra cosa que un método más de los tantos utilizados con la misma finalidad. (CONADEP, 1991).
El apartado tiene una extensión de una carilla y media. Transcribe fragmentos del testimonio de las sobrevivientes Osatinsky, Martí y Pirles y de Eposto. Al igual que como había sucedido con la difusión en la prensa de las declaraciones de Vilariño y Vallejos, la práctica de la desaparición utilizando aeronaves aparece situada entre las otras formas que adquirió el “exterminio masivo” (CONADEP, 1991). Al mismo tiempo, la reiteración de la expresión “cuesta creerlo” no da cuenta de la cantidad de testimonios que a esa altura ya se habían acumulado de sobrevivientes, integrantes de la estructura represiva, fuentes de inteligencia nacionales y extranjeras, personas que habían desempeñado tareas en los centros clandestinos y del conocimiento construido por los activistas de derechos humanos. Un informe producido cuatro décadas después por el Archivo Nacional de la Memoria lo resume así:
En suma, para fines de 1984, el Estado argentino disponía de una cantidad considerable de información sobre los vuelos clandestinos en Campo de Mayo. Las denuncias referían a cuestiones tales como los momentos y espacios en que se realizaban los “traslados”, las aeronaves que se usaban, el método que se aplicaba para hacer abordar a las víctimas y los actores represivos involucrados. No obstante, muchos de estos datos aún se presentaban aislados, obtenidos a través de terceros y desprovistos de una narrativa integral que los hiciera inteligibles. (Archivo Nacional de la Memoria, 2023b).
En diciembre de 1985 culminó el Juicio a las Juntas que juzgó a los integrantes de las tres primeras juntas militares. La sentencia reseñó varias causas iniciadas por la aparición de cadáveres en las costas e inhumaciones en los cementerios de esas localidades. También analizó los testimonios que indicaban que en los centros clandestinos de detención hubo “traslados masivos de secuestrados de quienes no volvió a tenerse noticias, debiendo agregarse que en muchos casos tales traslados fueron precedidos por el suministro a los prisioneros de drogas sedantes o informaciones tendientes a tranquilizarlos”19.
*César Vallejos, 1984.
- El testimonio tomó estado público en una fecha posterior a abril de 1986 que no pudimos determinar con precisión. ↩︎
- La descripción coincide con las aeronaves Short Skyvan, según el “Informe preliminar sobre el avión Short Skyvan SC-7 serie SH 1888, ex PA-51 de la Prefectura Naval Argentina” del ANM estos aviones eran fabricados por la firma Short Brothers en Belfast, Irlanda del Norte. La estructura de su bodega era de 5 m de largo por 2 m de ancho y otros 2 m de alto y tenían portón en el fondo que se abría por completo ↩︎
- Legajo CONADEP N° 2038, enero de 1984. ↩︎
- La Semana, Año VI, 5/01/1984. Las cursivas son de la edición original. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 3232, 16/01/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 1829, s/f. ↩︎
- Sentencia del 19/04/2021, Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5 de la Capital Federal en la causa «ESMA IV». ↩︎
- Legajo CONADEP N° 7454, 29/03/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 5908, 16/04/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 3674, 18/07/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 744, 10/011984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 7171, 16/08/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 7823, 28/09/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 7032, 24/08/1984. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 1379, s/f. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 6514, 30/01/1984 ↩︎
- Legajo CONADEP N° 3575, s/f. ↩︎
- Legajo CONADEP N° 3674. ↩︎
- Sentencia de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal en la causa Nº 13/84 caratulada “Causa originariamente instruida por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en cumplimiento del decreto Nº 158/83 del Poder Ejecutivo Nacional”, Capítulo XVI. 9/12/ 1985. ↩︎



